La diabetes mellitus tipo 1 (DM1) es una enfermedad autoinmune caracterizada por la destrucción progresiva de las células β pancreáticas, lo que conduce a una deficiencia absoluta de insulina y, en ausencia de tratamiento, al desarrollo de hiperglucemia y cetoacidosis diabética. Si bien clásicamente el diagnóstico se realizaba cuando el paciente ya presentaba manifestaciones clínicas, hoy se sabe que el proceso autoinmune comienza meses o incluso años antes de la aparición de los síntomas y puede identificarse mediante la detección de autoanticuerpos específicos dirigidos contra distintos componentes de la célula β pancreática (1).
La determinación de estos autoanticuerpos ha modificado el enfoque diagnóstico de la DM1. Además de confirmar el origen autoinmune de la enfermedad, permite diferenciarla de otras formas de diabetes, identificar individuos con alto riesgo de progresión y reconocer etapas preclínicas en las que aún no existe hiperglucemia manifiesta (1,2). Debido a que ningún autoanticuerpo aislado está presente en todos los pacientes, la evaluación conjunta de varios marcadores incrementa significativamente la sensibilidad diagnóstica y mejora la estratificación del riesgo (2,3).
De acuerdo con los Standards of Care de la American Diabetes Association (ADA), la DM1 evoluciona a través de tres etapas bien definidas (1):
Etapa 1: presencia de dos o más autoanticuerpos asociados a DM1 con normoglucemia. Aunque los pacientes permanecen asintomáticos, el riesgo de progresión a diabetes clínica ya es significativo y continúa aumentando con el tiempo. Este riesgo depende, entre otros factores, del número, la especificidad y el título de los autoanticuerpos, así como de la edad de seroconversión y del riesgo genético (1).
Etapa 2: persisten los autoanticuerpos y aparecen alteraciones de la glucemia (disglucemia) que aún no cumplen criterios diagnósticos de diabetes. En esta etapa, el riesgo de progresión hacia la enfermedad clínica aumenta considerablemente (1).
Etapa 3: se caracteriza por la destrucción suficiente de células β como para producir una deficiencia absoluta de insulina y la aparición de los síntomas clásicos de diabetes, como poliuria, polidipsia, pérdida de peso y fatiga. Algunos pacientes pueden perder autoanticuerpos detectables a medida que se aproximan a esta etapa.
La identificación de estas etapas ha cobrado especial relevancia en los últimos años, ya que permite reconocer individuos con diabetes autoinmune antes de la aparición de los síntomas clínicos y realizar un seguimiento más estrecho de aquellos con mayor riesgo de progresión (1).
Los principales autoanticuerpos utilizados para el estudio de la diabetes autoinmune son los dirigidos contra la glutamato descarboxilasa (GADA), la tirosina fosfatasa IA-2 (IA-2A), la insulina (IAA), el transportador de zinc 8 (ZnT8A) y los antígenos de los islotes pancreáticos (ICA). Cada uno aporta información complementaria y su determinación conjunta ofrece el mayor rendimiento diagnóstico (2,3).
Autoanticuerpos asociados a la diabetes tipo 1
– Anticuerpos contra la glutamato descarboxilasa (anti-GAD65)
Son los autoanticuerpos más frecuentemente detectados al momento del diagnóstico de la DM1, especialmente en adolescentes y adultos. Están presentes en aproximadamente el 60-80% de los pacientes con enfermedad de reciente comienzo, aunque su frecuencia varía según la edad y el sexo. Suelen persistir durante más tiempo que otros autoanticuerpos y se asocian con una progresión más lenta hacia la diabetes clínica. Constituyen además uno de los marcadores más útiles para el diagnóstico de la diabetes autoinmune del adulto (LADA) (2,3)
– Anticuerpos contra la tirosina fosfatasa IA-2 (IA-2A)
Los autoanticuerpos contra IA-2 se detectan en aproximadamente el 60-70% de los pacientes con DM1 al inicio de la enfermedad. Son más frecuentes en niños y jóvenes y se asocian con una progresión más rápida de la enfermedad. Debido a que suelen aparecer en etapas cercanas al inicio clínico de la enfermedad, constituyen uno de los autoanticuerpos con mayor valor predictivo de progresión hacia diabetes sintomática en individuos con riesgo (1,2).
– Anticuerpos anti-insulina (IAA):
Los IAA suelen ser los primeros autoanticuerpos en aparecer durante el desarrollo de la autoinmunidad, particularmente en niños pequeños, siendo especialmente frecuentes en menores de 5 años. Se detectan en aproximadamente el 50-70% de los pacientes antes de iniciar tratamiento con insulina y tienen especial utilidad en el estudio de la diabetes tipo 1 de inicio precoz. Una vez iniciado el tratamiento con insulina exógena, su interpretación pierde valor diagnóstico ya que la administración de insulina puede inducir la formación de anticuerpos que dificultan su interpretación (2).
– Anticuerpos contra el transportador de zinc 8 (ZnT8A)
El transportador de zinc 8 (ZnT8) es una proteína presente en los gránulos secretores de las células β pancreáticas. Los autoanticuerpos dirigidos contra este antígeno fueron identificados en 2007 y representaron un avance importante en el estudio de la diabetes autoinmune. Su incorporación al estudio de los autoanticuerpos asociados a la diabetes tipo I incrementa la sensibilidad para detectar autoinmunidad, ya que algunos pacientes pueden presentar ZnT8A positivos aun cuando otros autoanticuerpos tradicionales sean negativos, aumentando así el rendimiento diagnóstico cuando se utilizan en conjunto. Además, suelen aparecer en etapas relativamente tardías del proceso autoinmune y permiten identificar individuos con mayor riesgo de progresión hacia la enfermedad clínica, por lo que constituyen un complemento de gran utilidad dentro del estudio integral de la DM1 (2,4).
– Anticuerpos antiislotes pancreáticos (ICA)
Reconocen múltiples antígenos presentes en las células de los islotes de Langerhans y fueron los primeros marcadores utilizados para demostrar autoinmunidad en la DM1. Aunque actualmente han sido complementados por autoanticuerpos dirigidos contra antígenos específicos, continúan siendo una herramienta útil en la evaluación de pacientes con sospecha de diabetes autoinmune. Los ICA pueden preceder en años a la aparición de los síntomas clínicos y tienden a disminuir progresivamente una vez establecida la enfermedad (2,3).
Conclusión:
La presencia persistente de dos o más autoanticuerpos constituye el principal predictor de progresión hacia la diabetes tipo 1 clínica. En este contexto, la determinación conjunta de múltiples autoanticuerpos representa actualmente la estrategia recomendada para el estudio de la diabetes autoinmune, ya que mejora la sensibilidad diagnóstica, permite una clasificación más precisa de la enfermedad e identifica individuos con alto riesgo incluso antes de la aparición de los síntomas (1-3).
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Referencias:
1. American Diabetes Association Professional Practice Committee. Diagnosis and Classification of Diabetes: Standards of Care in Diabetes—2026. Diabetes Care. 2026;49(Suppl 1):S27-S49.
2. Sacks DB, Arnold M, Bakris GL, et al. Guidelines and recommendations for laboratory analysis in the diagnosis and management of diabetes mellitus. Diabetes Care. 2023;46:e151-e199.
3. Sociedad Argentina de Diabetes. Consenso sobre diagnóstico y monitoreo de autoanticuerpos en diabetes tipo 1. Rev Soc Argent Diabetes. 2024.
4. Krischer JP, Schatz DA, Lernmark Å, et al. Islet Autoantibody Testing as Type 1 Diabetes Enters the Precision Medicine Era. Diabetes. 2025;74(9):1466-1480.
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